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¿Supondrá la IA el fin de la creatividad?

Pocas cosas hay más distantes que el arte y la ciencia. Comúnmente tendemos a pensar que las personas imaginativas suelen ser más efectivas en disciplinas artísticas mientras que las personas racionales, por el contrario, suelen sentirse más cómodas dentro de los márgenes estables que les ofrecen las ciencias. Pero aunque parezcan agua y aceite, lo cierto es que ciencia y arte no son dos realidades aisladas la una de la otra, sino que a menudo se encuentran. A veces de bruces.

Hay que reconocer que en estos encontronazos, el arte ha sido siempre el que peor parado ha salido. Al menos inicialmente: la ciencia ha revolucionado el arte en múltiples ocasiones y, aunque el arte siempre ha conseguido convertir esos avances científicos en un trampolín para evolucionar hacia otras cosas, no es menos cierto que durante un tiempo, justo después del encontronazo, suele sufrir un periodo de crisis identitaria. Sucedió a comienzos de siglo, con la irrupción de la fotografía, que trastocó la profesión de muchos artistas que tuvieron que evolucionar hacia el arte no figurativo. O con la transición del cine mudo al sonoro en los años 30, cuando muchas estrellas ‘mudas’ de Hollywood no supieron adaptarse al talkie, algo que ha retratado muy bien el cine en películas como Sunset Boulevard (1950) de Billy Wilder o más recientemente Babylon (2022) de Damien Chazelle. Lo mismo vivió la fotografía con la aparición de los ordenadores y la llegada de Photoshop a finales de los 80. O la industria de la animación tras el estreno de Toy Story en 1995. O los artistas musicales con la llegada de las plataformas de música en streaming como Spotify. O el diseño web con la generalización del uso de los teléfonos móviles tras la presentación del primer iPhone en 2007…

Como se puede ver, los ejemplos son muy variados. Pero probablemente ninguno de ellos se parezca al momento que ahora mismo estamos viviendo con la irrupción de la Inteligencia Artificial. El reto que la ciencia le ha puesto actualmente al arte es mucho más grande, no solo porque es mucho más transversal que los anteriores –afecta a la música, el diseño, la moda, la literatura, la fotografía…– sino porque ya no estamos hablando de una herramienta que altere las formas previas en la que el ser humano crea, sino de una herramienta que puede llegar incluso a hacer que se prescinda del propio artista.

¿Pero esto es realmente así? ¿Hay que estar asustados o ilusionados? ¿Estamos ante el fin definitivo de la creatividad como algo exclusivo de los seres humanos?

¿Puede sustituir la IA a la creatividad humana?

El hombre contra la máquina

La IA ha sido vista siempre con resentimiento desde el mundo del arte, incluso mucho antes de tenerla entre nosotros. Desde 2001: A Space Odyssey (1968) de Stanley Kubrick a The Terminator (1984) de James Cameron (por citar solo algunos ejemplos), el arte nos ha enseñado a temer a la IA. También ha contribuido a este miedo el repetido enfoque del ‘hombre contra la máquina’ que se ha aplicado siempre que se ha tenido ocasión, como la vez que el legendario Gary Kaspárov perdió en 1996 una partida de ajedrez frente a la supercomputadora Deep Blue, desarrollada por IBM.

Por eso no es de extrañar que la primera respuesta del ser humano hacia la IA haya sido el rechazo a algo que ha llegado para competir en lo que se suponía que era hasta la fecha una habilidad exclusiva de nuestra especie: la creatividad. Y es que son muchos los que piensan que la capacidad de la IA para generar contenidos de forma rápida y barata hará que cada vez cobren más protagonismo y desplacen el contenido creativo de producción humana. La amenaza de que la IA pueda sustituir total o parcialmente las labores creativas de algunas personas es real. O así lo han visto al menos desde el Sindicato de Guionistas de Hollywood, que recientemente fue a una huelga que tenía la protección ante la inteligencia artificial entre sus principales reclamaciones.

¿Puede sustituir la IA a la creatividad humana?

¿Y por qué no podemos ser todos amigos?

Ahora bien, aunque rara vez la IA se ha presentado desde la colaboración máquina-hombre, hay que tener en cuenta que esta es una opción que también tiene sus ventajas. Se puede considerar la IA como una forma de complementar la creatividad humana, ya que puede resultar muy útil para que los humanos realicen el trabajo que ya realizan, pero con una mayor rapidez y eficiencia.

Por ejemplo, en OKB Interactive Studio ya usamos en nuestro día a día Copilot, una extensión que utiliza la IA como asistente a la hora de generar código. Esta aplicación desarrollada por Github es capaz de interpretar el código que estás escribiendo y generar sugerencias sobre la marcha, la mayoría de ellas (hay que reconocer) bastante bien encaminadas. Del mismo modo, también recurrimos a otras aplicaciones ejecutadas por IA como ChatGPT para resolver dudas puntuales de codificación en HTML, CSS, JavaScript, React, Angular, PHP… Pero ninguna de estas herramientas reemplaza el trabajo de nuestros programadores. Sencillamente facilita la codificación.

Otro ejemplo con otra de los campos donde la IA más ha impactado desde nuestra experiencia como estudio de diseño web ha sido sin duda la irrupción de herramientas de generación de imágenes a partir de prompts (instrucciones), como Midjourney o Dall-E. Su utilidad es incuestionable, ya que con unas cuantas líneas de texto se pueden conseguir imágenes sin necesidad de localizaciones, modelos, equipos fotográficos, maquillaje, peluquería, vestuario o atrezzo, reduciendo tiempos y costes al cliente. Sin ir más lejos, hace unos meses el fotógrafo alemán Boris Eldagsen ganó en los Sony World Photography Awards con un trabajo –The Electrician– que posteriormente confesó que había sido realizado con IA.

¿Puede sustituir la IA a la creatividad humana?

¿Y cómo puede afectar todo esto a los miles de fotógrafos que hasta ahora se ganaban la vida creando estas imágenes? Inicialmente podría parecer que la IA ha llegado para acabar con su trabajo. Pero contra lo que cabría esperar, el trabajo de los profesionales de la fotografía es también necesario para la IA. Las imágenes que se consiguen usando Midjourney pueden estar muy bien para determinados usos, pero si se quiere conseguir un gran realismo en el resultado final, es necesario saber trabajar bien los prompts e incluir en ellos todo tipo de detalles técnicos, algo que requiere de un conocimiento que solo profesionales del medio pueden aportar. Por ejemplo indicar el modelo de la cámara o de las lentes, o el tipo de película y describir el tiempo de exposición, el tipo de iluminación, la composición o el ángulo de enfoque influye mucho para que los resultados que se obtengan sean totalmente satisfactorios.

¿Y a la inversa? La IA también puede ser una herramienta de trabajo muy valiosa para los fotógrafos. Midjouney –o incluso el propio ChatGPT– pueden ser una enorme fuente de inspiración para obtener ideas y elaborar moodboards con los que empezar a trabajar. Del mismo modo por ejemplo que años atrás los artistas hiperrealistas como Richard Estes desarrollaron su técnica a partir de las fotografías.

¿Puede sustituir la IA a la creatividad humana?

¿Y una vuelta a los orígenes?

Finalmente, no hay que descartar que el aumento del contenido generado algorítmicamente puede tener un efecto inesperado. ¿Podría suceder que la saturación de contenido generado por IA hiciera que se revalorizara el contenido más escaso y ‘artesanal’ generado por el ser humano? ¿Podría convertirse la creatividad humana en un producto de lujo y quedar el contenido de la IA destinado solo para el consumo rápido? Si bien la IA ha avanzado mucho en los últimos años, todavía tiene varias limitaciones que le impiden reemplazar por completo la creatividad humana a la hora de generar nuevas ideas. Por ejemplo, a día de hoy, la capacidad de empatizar de los humanos los unos con los otros es algo con lo que la IA no puede competir.


A día de hoy, hacer cualquier previsión sobre cuál será el futuro de la creatividad es algo complicado. La IA generativa está aún dando sus primeros pasos y, aunque ha demostrado ya un enorme potencial, nos encontramos en un punto en el que todo puede pasar (seguramente cosas muy grandes). Pero independientemente de nuestra percepción personal, particularmente desde OKB Interactive Studio hemos apostado por un enfoque pragmático que creemos que es el más efectivo. Este enfoque consiste en usar la IA en aquellas tareas que resulta útil, adaptar otros procesos a un formato ‘híbrido’ y continuar haciendo otras cosas como hasta la fecha. Herramientas como Midjourney, Chat GPT o Copilot se han convertido en algo habitual en nuestro día a día. Pero sin olvidar el valor que podemos aportar como desarrolladores, diseñadores, creativos o comunicadores. Que todavía es mucho…

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